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Secretos

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Casi amanece, Lucía apaga el computador y vuelve a la cama. Rafael ronca, se sienta a su lado y lo observa. La primera noche juntos él la despertó para decirle que roncaba como un hombre. No ronco, le contestó atontada por el sueño del que trataba de salir para defenderse. Y sí, ronca la noche entera. También durante el día, cuando dormita. En qué puede Lucía, que se cree tan diferente, ser diferente a Rafael si aparte de roncar, miente, cuando le urge y cuando no. Ronca, miente y utiliza simulacros, los mismos que utiliza Rafael. ¿No es el simulacro el aliño fundamental de todo romance? Jamás asistiría ella a la primera cita sin maquillaje, del que se lleva por fuera y del que se lleva por dentro. Se suma a la lista la ausencia de compromiso .  Desde la primera cita la ausencia de compromiso fue un acuerdo tácito y conveniente, ahuyenta preguntas desafortunadas que requieren de respuestas mentirosas y  preserva la inviolabilidad de los secretos. © Carolina Menes...

Los de allá arriba

Ingreso a una famosa librería de Santiago con la intención de comprarle el primer libro a mi hijo de doce meses. Me cuesta un poco ubicar la sección de párvulos hasta que, luego de mucho girar el cuello y de mirar con atención, la localizo en la pared del fondo, donde se encuentra una señora madura de espejuelos acomodando libros, empleada de la librería seguramente. Quién mejor para orientarme en la búsqueda. Hacia ella me dirijo. -Señora, buenas tardes, ¿me puede ayudar? Como respuesta una mirada huraña y esquiva que me borra al instante la sonrisa de la cara. Esto va a estar difícil, pienso, pero no me rindo. -¿Sabe? Ando buscando libros apropiados para un bebé de doce meses. La mirada, de esquiva se transforma en incrédula e irónica, y con un gesto rápido de cabeza me señala los estantes a su izquierda. -Allí, ¿no los ve? -responde. -Sí, sí, ya sé que están allí, pero quería saber cuál de ese montón de libros sería el más apropiado para un bebé de doce meses. -Hay varios, b...

Cuento: * El negro del bongó

* Mención en el Concurso Interamericano de Cuentos 2006 de Fundación Avon Del libro CARIBE “Pero mi repique bronco, pero mi profunda voz, convoca al negro y al blanco, que bailan el mismo son, cueripardos o almiprietos más de sangre que de sol, pues quien por fuera no es noche, por dentro ya oscureció.” Nicolás Guillén El negro está sentado en un taburete en el centro de la pista de baile con el gentío alrededor y el bongó entre las piernas. Tamborilea un toque breve. Deja las manos quietas sobre el instrumento y levanta la cabeza con los ojos cerrados. Aspira profundo. Sin abrir los ojos ni bajar la cabeza inicia un repique lento. Los cuerpos siguen el ritmo que se acelera hasta que el toque se interrumpe con un golpe de palmas contra tambores. El gentío aplaude. El negro tiene la espalda erguida, el cuello recto, la mirada fija, las manos en las caderas. Se pone de pie, entrega el bongó a un empleado del club y se va con la negra grande que lo viene acompañando las t...

Mujeres que alzan la voz

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Mujeres que alzan la voz , libro de Espacio Avon que reúne una variada selección de los mejores cuentos y poemas premiados en los Concursos Interamericanos de cuento y de poesía realizados entre 2005 y 2008. De Carolina Meneses Columbié fue seleccionado "El negro del bongó". Mención de Cuento 2006. Comentarios sobre la antología “A lo largo de los años he podido observar cómo varias de las escritoras premiadas en este concurso (pienso entre otras en Inés Garland, en Paola Kauffman, en Alejandra Lauarencich, en Claudia Piñeiro, en Marina Porcelli, en Angela Pradelli, en Patricia Suárez), casi desconocidas para el público hasta el momento de obtener el premio, han ido consolidando una obra excelente que, más allá del género, les permitió insertarse en el corpus de la literatura argentina. Ese solo hecho bastaría para justificar el Concurso de Espacio Avon y es, a mi juicio, el que le otorga su verdadera razón de existencia: abrir un camino a escritoras talentosas que, c...

Cuento: La babosa

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En el tiempo en que los turistas visitaban el pueblo, la neblina caía sobre la playa de manera casi imperceptible alrededor de las seis de la tarde y se iba con las primeras luces del día. Esa neblina fresca que limpiaba el aire y que según los lugareños mejoraba las enfermedades respiratorias y las afecciones de la piel, era lo que atraía a una buena parte de los turistas que llegaban durante todo el año, gente de edades diversas con algún achaque pulmonar o cutáneo, grupos de viejos retirados en giras de esparcimiento, algunas familias con niños pequeños, una que otra pareja en las que saltaba a la vista la intención de pasar inadvertidas. Desde que lo descubrí hace cuatro días me siento al lado de la ventana y lo miro a través de los neblinosos y fríos atardeceres de la playa. Hacía años que no venían turistas, ni uno solo, hasta que el hombre apareció. Veo su figura alta caminar cerca de la orilla en dirección a la caleta, sin apuro. Viste impermeable amarillo, de esos que ...

Cuento: Acuerdo tácito

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Del libro FICCIONES IRRELEVANTES I Las noches de los martes y de los jueves, para regresar a casa desde la facultad, tomo la línea 124 del tren urbano. Cuando lo abordo ya viene lleno y tengo que abrirme paso entre la gente hasta dar con el primer espacio libre donde poder situarme. Ese martes y por puro azar me detuve al lado de su asiento, uno de los que daba al pasillo. Él estaba reclinado sobre el respaldo y parecía dormir tan profundamente que no reaccionó ni cuando en uno de los estremecimientos del vagón, la cabeza le vino a caer sobre el costado derecho de mi cadera. Lo correcto hubiera sido moverme un poquito hacia la izquierda, como vi hacer tantas veces a otras mujeres en situaciones similares. No se puede saber qué tan dormido va un hombre si el tren está lleno y le toca una muchacha al lado. El mes pasado vi a uno que se durmió de pie sobre la espalda de la chica que tenía delante y ella, que resultó ser de las bravas, dio media vuelta y con la agilidad de una judo...

La autopublicación y el escritor desvinculado

Aclaremos primero el concepto.  Escritor desvinculado es el que no tiene el tiempo ni la paciencia ni las ganas ni el temple de ir de una editorial a otra a mostrar su obra y a convencer al que tenga la amabilidad de recibirlo, si es que lo recibe, de las razones por la que merece ser publicado. No posee relaciones en el mundo de las letras ya que tampoco cuenta con el tiempo, la paciencia ni las ganas de estrechar relaciones de interés. En otras palabras, es un completo desastre para las relaciones públicas. Ante semejantes características es muy poco probable que algún día lo publique una editorial tradicional, a menos que lo descubra por obra y arte de las casualidades de la vida, algún editor o agente literario, lo que es aún menos probable. Entonces, ¿qué opción le queda al escritor desvinculado para ver su obra publicada en fuentes que no sean los sitios web o los blogs? La palabra clave es la AUTOPUBLICACIÓN. Existe cierto prejuicio con respecto a la autopublicación. "Cl...