sábado, 25 de junio de 2011

Tipos de alumnos del taller literario

Archivo personal


Coordinar un taller literario no es nada fácil, principalmente por la diversidad de alumnos que llegan a él. Sé por experiencia, primero como alumna y luego como coordinadora, que muchos de los que se matriculan y presentan un texto, no lo hacen con la intención de aprender sino con la de ser descubiertos, por lo que sufren una gran desilución cuando reciben como respuesta un sinnúmero de correcciones que interpretan como críticas o, en el peor de los casos, como ofensas. En este tipo de alumnos hay dos categorías: los que abandonan después de la primera clase y los que deciden continuar una vez que entienden que el coordinador no pretendía ofender sino enseñar.
Dentro del grupo que continúa hay varios subgrupos:
Los que hacen caso omiso de las correcciones recibidas. Este subgrupo provoca gran impotencia en el coordinador, que siente que está perdiendo el tiempo después de volver una y otra vez sobre los mismos errores explicándolos de mil maneras distintas. Y nada, el alumno parece haber puesto una barrera infranqueable entre ambos.
El subgrupo de los alegadores, ay, los alegadores: reclaman por todo y lo contradicen todo. Repiten de memoria párrafos de grandes escritores para demostrar que el autor consagrado hizo lo mismo que se les está criticando a ellos: "¿Por qué Cortazar puede saltar de un punto de vista a otro y Alejo Carpentier usar un lenguaje rebuscado y yo no puedo, ah?" La respuesta se cae de la mata: "Porque tú no eres Cortázar ni tampoco Carpentier".
Un subgrupo admirable es el de los "machucados". Son los que, a pesar de los progresos lentos y de los largos períodos de estancamiento, siguen perseverando hasta que logran superar las dificultades con las que se van topando. Ellos nunca alegan, nunca contradicen, escuchan calladitos lo que se les señala y luego tratan de ponerlo en práctica. No le piden al coordinador que les haga la tarea ni que les dé las respuestas, ellos las buscan solos y cuando las encuentran, las estudian. Pueden entristecerse al sentir que no progresan, pero en lugar de hundirse en lamentaciones se aprietan el cinturón y continúan, indiferentes a los tiempos porque saben que algún día llegarán.
El subgrupo de los talentos natos tiene dos categorías. Los talentosos perezosos, tan talentosos que se duermen en los laureles y al final no logran nada; y los talentosos dedicados, de los que más temprano que tarde, hablarán los medios.
Cierta vez una alumna del grupo de los alegadores me acusó de haberle matado la vocación. Yo me pregunto, partiendo del concepto de la palabra vocación: cuando ésta es verdadera, ¿cómo es posible matársela a alguien?

© Carolina Meneses Columbié

Fotografía: Archivo personal. "Gaviotas". Caleta Portales, Valparaíso. Chile.