"Hoy ya sé muy bien que nada en el mundo repugna tanto al hombre como seguir el camino que ha de conducirle hacia sí mismo."
Herman Hesse. Demian. Pag. 42. Santiago: Centro Gráfico, 2002
En literatura, la armonía es el arte de producir una sensación agradable por la sonoridad de las palabras y el ritmo de las frases. Es una de las fortalezas de los buenos escritores, esencial al momento de escribir. Para lograrla: - No termines una frase con la expresión más corta. Ejemplo: Correcto : Separé por colores las cartulinas que utilizaremos. Incorrecto : Separé las cartulinas que utilizaremos por colores. (En este caso, el sentido de la frase se vuelve ambiguo) - Debes dar prioridad al complemento más corto, no puede quedar en la cola de la frase. Ejemplo: Correcto : Ordenen sus ideas antes de llevarlas al papel. Incorrecto : Ordenen, antes de llevarlas al papel, sus ideas . - Evita: La cacofonía, que es la repetición de sonidos iguales o semejantes. La monotonía, que es la falta de variedad en las palabras. Las repeticiones de las mismas ideas. Denota pobreza de ideas, de vocabulario y una deficiente corrección del t...
Un libro bien escrito que trasciende los grupos de edades. En la contraportada dice que es “para jóvenes adultos”, sin embargo a mí, que ya abandoné a tan envidiable grupo, el libro de Marcelo Birmajer me cautivó en la primera de sus 128 páginas y no lo solté hasta el punto final. Hijo de una familia de judíos practicantes, Mordejai es un chico de doce años que se prepara con el rabino Sender Musnak para celebrar su baarmitzvá , la ceremonia en la que pasará a formar parte de la comunidad adulta. Mordejai vive en el barrio judío de Buenos Aires entre familias decentes y trabajadoras. Cerca de su hogar una misteriosa casa abandonada le llama poderosamente la atención: dicen los del barrio que allí es donde habita el Maligno. Cierto día regresan sus moradores, un matrimonio al que todos evitan. A Mordejai su padre le prohibe acercarse al lugar pero la atracción que siente hacia Tamara, la mujer del matrimonio, es más intensa que el respeto que le inspira la orde...
Archivo personal Coordinar un taller literario no es nada fácil, principalmente por la diversidad de alumnos que llegan a él. Sé por experiencia, primero como alumna y luego como coordinadora, que muchos de los que se matriculan y presentan un texto, no lo hacen con la intención de aprender sino con la de ser descubiertos, por lo que sufren una gran desilución cuando reciben como respuesta un sinnúmero de correcciones que interpretan como críticas o, en el peor de los casos, como ofensas. En este tipo de alumnos hay dos categorías: los que abandonan después de la primera clase y los que deciden continuar una vez que entienden que el coordinador no pretendía ofender sino enseñar. Dentro del grupo que continúa hay varios subgrupos: Los que hacen caso omiso de las correcciones recibidas. Este subgrupo provoca gran impotencia en el coordinador, que siente que está perdiendo el tiempo después de volver una y otra vez sobre los mismos errores explicándolos de mil maneras distinta...
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