domingo, 14 de marzo de 2010

Secretos



Casi amanece, Lucía apaga el computador y vuelve a la cama.
Rafael ronca, se sienta a su lado y lo observa. La primera noche juntos él la despertó para decirle que roncaba como un hombre. No ronco, le contestó atontada por el sueño del que trataba de salir para defenderse. Y sí, ronca la noche entera. También durante el día, cuando dormita.
En qué puede Lucía, que se cree tan diferente, ser diferente a Rafael si aparte de roncar, miente, cuando le urge y cuando no. Ronca, miente y utiliza simulacros, los mismos que utiliza Rafael. ¿No es el simulacro el aliño fundamental de todo romance? Jamás asistiría ella a la primera cita sin maquillaje, del que se lleva por fuera y del que se lleva por dentro.
Se suma a la lista la ausencia de compromisoDesde la primera cita la ausencia de compromiso fue un acuerdo tácito y conveniente, ahuyenta preguntas desafortunadas que requieren de respuestas mentirosas y  preserva la inviolabilidad de los secretos.


© Carolina Meneses Columbié.


Imagen: Gato porteño. Archivo personal