martes, 21 de febrero de 2012

La importancia de los buenos títulos



El título es lo primero con lo que el lector se enfrenta, y como la aventura comienza por ahí, el título vendría a convertirse en la tarjeta de presentación de la obra literaria. Un título puede ser mejor que la historia misma, o viceversa; un poderoso imán o  campo minado. Puede ser poético, agresivo, enigmático, repelente, atrayente. Encerrar una doble lectura o no dejar nada a la imaginación. Soso, cursi, sugerente o sublime, el título es una parte de la obra que no hay que descuidar.
Hay autores que poseen una enorme inventiva mientras que para otros el título se convierte en un problema. El consejo de los amigos puede ser valioso, pero cuando éste falla existe un recurso del que se ha hablado hasta el cansancio: distanciarse de la obra por un tiempo ayuda a ordenar las ideas y permite que en el lugar recóndito donde se negocia la creatividad, logre formarse algo que nos deje satisfechos. En todo caso, quedar satisfechos es otra utopía del trabajo literario.
Revisemos algunos de los buenos títulos que a juicio personal nos ha venido entregando la literatura, mencionaré los que recuerdo ahora, la lista es larga y mi memoria corta. Si a ti se te ocurren otros te agradeceré el aporte. Recuérdese que por título me estoy refiriendo al nombre del libro, no a su contenido.

De Marcel Proust, En busca del tiempo perdido.

De Gabriel García Márquez:
Cien años de soledad.
Ojos de perro azul.

De Mario Vargas Llosa.
La ciudad y los perros.
La orgía perpetua.
El paraíso en la otra esquina.

De Nicolás Guillén:
La paloma de vuelo popular.
Balada de los dos abuelos.

De Eliseo Diego:
El oscuro esplendor.
Libro de quizás y quién sabe.

De Alejo Carpentier:
El recurso del método.
El arpa y la sombra.
La consagración de la primavera.

De Clive Staples Lewis, La travesía del Viajero del Alba (The Voyage of te Dawn Trader), la tercera novela de Las Crónicas de Narnia.

De Truman Capote el cuento Música para camaleones.

De Raymond Carver, ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

De Pablo Neruda, Crepusculario.

De Paul Auster, La invención de la soledad.

De Julio Cortázar, Historias de Cronopios y de Famas.

La lista no termina aquí, se irá enriqueciendo a medida que vaya recordando y conociendo.


© Carolina Meneses Columbié, 2011

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