sábado, 25 de septiembre de 2010

En la punta de la lengua

Le Baiser, 1910 Belle Époque postcard 

Después de muchos borradores por fin el escritor consigue agarrar el ritmo, siente que la historia lo reconoce, que algo o alguien fuera de él le dicta las ideas, le habla de los personajes y de la trama oculta que los relaciona. ¡Qué euforia! La velocidad de los dedos no logra alcanzar la de las palabras, que fluyen y fluyen. Repentinamente algo interrumpe a tan desbordada marcha, sin previo aviso al escritor se le escapa la palabra infiel, la que siempre está aguardando el momento justo para emprender la huida.
—¿Cuál era la palabra, caramba, cuál era? ¡La tengo en la punta de la lengua!
No es que la palabra esquiva que necesita para cerrar la idea con broche de oro se niegue a despegársele de la punta de la lengua, no. Es que ni siquiera alcanzó a llegar hasta allí, y como el escritor no logra encontrarla, el momento sublime en el que consigue ser uno con la obra en gestación, se le esfuma como espejismo en el desierto.
El uso de un vocabulario fluido es un recurso importante para el que vive de sus historias como para el que lo hace por amor al arte, para el que escribe informes de trabajo o tesis de investigación.
Nuestro idioma tiene miles de vocablos y de ellos utilizamos un pequeño porcentaje. Tampoco se trata de aprender de memoria el diccionario, no pierdas el tiempo intentándolo, la capacidad creativa no se mide por ahí. Existen otros métodos para incorporar a tu vocabulario los que no utilizas comúnmente y, sin embargo, son los que necesitas para construir la idea que quieres comunicar.
Te voy a dar algunos trucos.

Lee mucho y variado, si lo haces encontrarás tres tipos de palabras (vocablos o términos):
- Las que entiendes pero que no usas.
- Las que no entiendes pero que alguna vez escuchaste o viste escritas.
- Las que nunca en tu vida escuchaste ni viste y que ignoras por completo.

Crea tu propio cuaderno-diccionario, ¿cómo? Consigue un cuaderno de varias páginas y divídelo en letras, dos o tres hojas para cada una. Durante la lectura mantenlo cerca, si puedes amárrale un lápiz. Cuando encuentres alguna palabra de los grupos antes mencionados, anótala en la letra correspondiente, busca su significado y anótalo también. Si no quieres seguir interrumpiendo la lectura, busca más tarde el significado, aunque te recomiendo que lo hagas enseguida, de esa forma no se te olvidará y comprenderás mejor lo que lees. Ya verás qué rápido crece tu cuaderno-diccionario.

Repasa de vez en cuando el contenido de tu cuaderno-diccionario y trata de usar, cuando hables o cuando escribas, los términos consignados en él.

Lleva siempre una libretita para anotar las palabras poco usadas o desconocidas que escuches por ahí, incluso las que sospeches que se usaron mal.

¿Que hacer todo esto es una soberana lata? Quizás, pero te aseguro que si lo haces no te quedarás permanentemente con la palabra en la punta de la lengua.

© Carolina Meneses Columbié

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