martes, 3 de noviembre de 2009

¿Te has dado cuenta?

¿Te has dado cuenta de que el miedo tiene sabor?
Es un sabor persistente,
por más que te laves la boca no se te va.
Es un sabor entre amargo y ácido
con un toque al del metal.
¿Le has pasado la lengua a un cuchillo?
Te lo pregunto para que te hagas una idea.
¿Te has dado cuenta de que el miedo tiene olor?
Es un olor sutil que te produce taquicardia,
que te vuelve insomne.
No logras identificar de dónde viene
hasta que descubres
que no se quita con duchas de agua caliente
porque viene de adentro de ti.
¿Te has dado cuenta de que el miedo es frío?
Cuando despiertas por la mañana es un frío ligero
que sobrellevas con el café que tomas al levantarte.
Va aumentando con el día y lo peor viene con la noche.
El frío te paraliza.
Quieres mover los brazos y no puedes,
quieres caminar y no puedes,
quieres hablar y no puedes.
¿Te has dado cuenta de que el miedo es serio?
¿Y de que su seriedad es contagiosa?
El miedo no se ríe ni cuenta chistes.
No baila. No canta.
Ni se reúne con amigos.
¿Te has dado cuenta de que el miedo tiene forma?
Te recuerda a la de un animal de presa.
A un felino que te acecha.
Tienes que andar con cuidado sin bajar la guardia.
Cuando piensas que se ha ido
salta desde cualquier esquina y te cierra el paso.
Mide. Olfatea. Te rodea. Ataca.
Pero te deja vivo, debilitarte es el propósito.
Si te mata, se le termina el juego.
¿Te has dado cuenta de que así es el miedo?

2006
© Carolina Meneses Columbié